GALERIA DE ARTE ALEJANDRO PACAREU


Litografía T. Lautrec

La técnica litográfica se basa en el desvío recíproco entre sustancias hidrofóbicas e hidrofílicas, esto quiere decir que el agua rechaza o acepta las tintas grasas; las zonas que imprimen y las que no imprimen se encuentran en el mismo nivel, por ello las matrices litográficas se llaman también plano gráficas.

En las técnicas manuales la formación de la matriz consiste en la adhesión de las tintas grasas y resinosas sobre el papel litográfico. Con estas tintas se efectúa el dibujo que se trata de reproducir, el cual queda fijado mediante una solución de ácido nítrico y goma arábiga. La adhesión de la sustancia grasa produce un jabón calcáreo o metálico insoluble que constituye la base de señales de impresión. Sobre las partes que no se imprimen, una preparación especial determina la formación de sales hidrófilas, con lo cual, sobre el plano de la matriz existen dos zonas contrapuestas gráficamente, que permiten la impresión, previas las operaciones de entintado y humidificación. De los fondos coloreados y conformados de acuerdo con las zonas claras del original hasta el empleo de tintas planas superpuestas, se pasó por las coloraciones por superposición.

Engelmann, hacia 1835, llamó cromolitografía a la técnica de reproducción litográfica en colores. Se hacen tantos dibujos sobre papel o placa como tintas se consideren necesarias para la reproducción. El registro se obtiene realizando sobre el papel de cada color la correspondiente cruz de registro.

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Litografía Salvador Dali.

Para este tipo de impresión se utiliza una piedra caliza pulimentada sobre la que se dibuja la imagen a imprimir (de forma invertida) con una materia grasa, bien sea mediante lápiz o pincel. Este proceso se basa en la incompatibilidad de la grasa y el agua. Una vez la piedra humedecida, la tinta de impresión solo queda retenida en las zonas dibujadas previamente.

Para cada color debe usarse una piedra distinta y, evidentemente, el papel tendrá que pasar por la prensa de imprimir tantas veces como tintas se empleen. En los carteles impresos mediante el sistema litográfico, tan frecuentes en la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, se utilizaban quince, veinte o más tintas. Entre ellos son de destacar los que anunciaban las corridas de toros, los de las Semana Santa, y los diseñados durante la Guerra Civil española.

En una imagen litográfica las letras no pueden ser retiradas y reutilizadas en otro sitio: son únicas y precisan redibujarse, o copiarse, para cada uso. El litógrafo podía reproducir una imagen "única" dibujada, combinando texto e imagen en complicadas disposiciones formales del color. El proceso cromolitográfico alcanzó su cima durante el siglo XIX. La mejora en los métodos del fotograbado (el grabado de una imagen fotográfica en una plancha metálica recubierta con una capa sensible y "mordida" después con ácido, obteniéndose así una imagen impresora en relieve) amenazó la supervivencia de la litografía, conduciendo a su progresivo declive a partir de la década de 1890.

El inventor de este sistema de impresión fue el tipógrafo alemán Alois Senefelder (1771-1834). Aunque este procedimiento fue extensamente usado con fines comerciales, la mayor parte de los grandes pintores de los siglos XIX y XX también lo emplearon ya que facilitaba obtener un cierto número de copias de un mismo trabajo: Picasso, Toulouse-Lautrec, Joan Miró, Piet Mondrian, Ramón Casas, Antoni Tàpies, Alphonse Mucha, Federico Castellón, etc.

Estas se firmaban y numeraban por la arista y una vez terminada la serie se destruía la placa.

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Art Deco

Movimiento estilístico desarrollado a lo largo de la década de 1920-1930, centrado sobre todo en el área europea, aunque no dejase de adquirir también importancia destacada en la norteamericana. Además del ámbito del diseño-ornamento, abarcaba también otros terrenos de la actividad artística, si bien con menor insistencia o personalidad; es decir, se trata de un planteamiento de alcance genérico, por más que en sentido estricto tal vez fuese una simple respuesta a la necesidad que tenía el mercado de un nuevo conjunto de productos para poder sustituir a los que había impuesto el modernismo.

Cabe subrayar el carácter no vanguardista del art deco, pues era justamente lo contrario: la expresión fiel de los deseos de una burguesía acomodada, preferentemente preocupada por conseguir el llamado “buen tono” en sus posesiones materiales. De aquí que el “déco” se sitúe en un nivel distinto al propio de los sucesivos ismos plásticos que, desde principios de siglo, habían venido dominando la actividad del mundo artístico; más bien resulta un planteamiento de síntesis interdisciplinar, ya que afecta en especial a cuanto se aproxima al área del diseño y del grafismo, alcanzando a las denominadas disciplinas superiores, cuales la arquitectura o la plástica, aunque siempre en tono menor.

A la vez, a pesar de ser una actitud artística de retaguardia, el “déco” propone la asimilación parcial de ciertas corrientes contemporáneas, por más que convenientemente adaptadas, lo cual le proporciona el ambiguo atractivo que le es característico; o sea, una tesitura extraída de los planteamientos cubista, futurista, pero con elementos exóticos puramente ornamentales enunciados con lujo adocenado.

Algunas de las características de este arte son: formas apiramidadas, predominio de la diagonal, uso sistemático de franjas, oposiciones blanco-negro, reducción anatómica a los perfiles, líneas simples…Pero, por encima de todo, hay que identificar el “déco” según su gusto por las combinaciones antitéticas: aparatos de radio que parecen templos aztecas, juegos de té decorados, sillones de tubo metálico oculto bajo tremendos almohadones, entradas de altura superior a la total del edificio al que dan acceso.

Un estilo glamuroso, cuya elegancia radica en su sabia mezcla de elementos de las vanguardias anteriores con rasgos exóticos de otras culturas. Es opulento y lujoso, con un claro afán ornamental, pero guarda, al mismo tiempo, el sentido funcional de los objetos.

En la actualidad, los decoradores siguen pendientes de esta tendencia rupturista y moderna. Vivimos rodeados de muebles y edificios con influencia Art Decó o propiamente de este estilo, como el edificio Chrysler de Nueva York.

Muebles, joyería, ropa, esculturas, ascensores, edificios... este estilo lo encontramos en artes mayores y menores. Hoy lo vemos en modernos y originales sillones de altos respaldos, cocteleras, lámparas e incluso cafeteras.

Se otorga importancia a cualquier pieza de la decoración, haciendo de una lámpara de pié una obra de arte, o de una pequeña mesa un elemento llamativo que da un toque único e identidad propia a la pieza, así como a la sala donde se encuentre.